TRANSLATION COLLECTIVE
- Claudia Cavallin
- Apr 10
- 13 min read
Updated: Apr 22
Krina Ber y los múltiples trazos de sus historias.
Lámina 1: En esta breve presentación, quisiera simplemente utilizar mi valiosa experiencia como traductora de Krina Ber, pues me gustaría dialogar sobre múltiples aspectos de su vida, aunque hoy no tengo tiempo suficiente para compartir muchos de ellos con ustedes. Así que me he decidido a tejer estos múltiples trazos de sus historias a partir de todo lo que compartimos en los últimos años y de los rastros que quedan de ello en las redes sociales.
La palabra Trazos es la primera que vino a mi mente cuando decidí cómo titular este discurso que está repleto de palabras, de expresiones, de visiones numéricas de los lectores, pero también de las huellas que deja el trazar ciertas líneas de Krina. Kristina Ber de Da Costa Gomes fue una escritora y arquitecta venezolana-israelí-portuguesa, nacida en Polonia. Sus trazos no solo emergen de las líneas geográficas que hemos creado para dividir los países, sino también de la identidad propia de un origen o de una profesión, que luego se esparce como un rizoma abierto, indefinido del todo. Como señalan Deleuze y Guattari en «Mil Mesetas» (1980), utilizamos el concepto de trazos, vinculados al ritornelo, para explicar la creación de territorios, el acto creativo y la territorialidad. En su escritura, Krina dibujaba a partir de las palabras, situaciones cuyas velocidades comparadas se movían en un flujo que, según estas líneas, podían generarnos fenómenos de curiosidad y observación, de caminata como si fuésemos transeúntes de sus calles, de retraso relativo, de viscosidad o, al contrario, de precipitación y ruptura.

En sus relatos, como en las líneas y las velocidades medibles, se constituye un agenciamiento. Sus obras poseen una multiplicidad que también se manifiesta en lo que observan en mi primera lámina. Los posts, esos posts móviles que ella seleccionaba con los giros de sus rostros, a la izquierda, a la derecha, mirando de forma diagonal, sonriendo levemente. Cada fotografía que observan, como apertura de lo que leemos, es el rostro de una escritora migrante. Cito algunas de sus palabras que están justo allí:
«De mis cuadernitos logré salvar de las polillas mi diario de teenager (Pamiętnik podlotka, en polaco). Lo comencé a la edad de mi nieta y las vivencias no parecen diferentes. El contexto sí, mucho».
«Hoy cumplo años, una fecha algo incómoda… y agradezco de corazón a todos los amigos cercanos y lejanos que llaman, escriben y me felicitan, haciendo que esa píldora agridulce se disuelva en la dulzura de la celebración. Ya lo sé: sólo estar aquí es un motivo para la fiesta».
Dos fechas enmarcan lo que define, sus inicios y un año más, una autobiografía que casi siempre aparece en las líneas de sus cuadernos, en sus dibujos, que, por suerte, decía, había logrado salvar para volver a verse como una adolescente, o celebrar su cumpleaños en las diferentes acciones y detalles que cada imagen origina. Vemos a Krina, la leemos y, más allá, hemos tenido el honor de traducirla. Quiero iniciar con esos trazos porque su rostro se ilumina al actuar en un entramado reticular de su escritura. Una escritura que Pedro Pablo Salvati detalla en los mensajes de WhatsApp que compartieron nueve días antes de que Krina Ber falleciera. Curiosamente, mi memoria también parte de allí, de sus obras, pero también de sus redes sociales, de sus fotografías, de sus rostros. Antes de mudarme a los mensajes, que es lo que más deseo destacar hoy, quiero utilizar las redes sociales para iniciar lo que siempre ha sido para mí algo difícil de definir: ¿qué es traducir? Vamos a la lámina dos.

Lámina 2: Aquí coloqué tres fotografías para modificar un breve viaje en el tiempo. Como en una espiral, podemos iniciar con su dibujo de sus viajes, de 1994, que coloqué en la esquina inferior derecha de la lámina, donde Los Andes nos trasladan a una hacienda techada, en medio de las montañas, en el hospedaje de sus recuerdos. Allí hay una casita de la hacienda Escaguey, cerca de Mérida, donde ella se hospedaba a menudo.
En «Confesiones», una entrevista con Adriana Rodríguez, Krina habla de su infancia y relata cómo, de niña, devoraba los libros, pues creció entre ellos y fue una niña escritora. Sus poemas fueron publicados en revistas cuando tenía siete años. Luego añade que «cuando llegamos a Israel, el hebreo me mató esa vocación: tenía un diario y soy básicamente de esos animales extraños que escriben diarios, no para publicarlos sino para digerir la realidad; lo escribía en polaco para que nadie de mis amigos lo leyera, y de mi familia lo escondía bajo tapas de libros en la biblioteca».
Un diario, sí, un texto oculto que se abre y se cierra con llave. Un misterio empapelado de secretos. Como diría Alejandra Pizarnik, era su registro de una introspección extrema. Un lugar de aprendizaje y trabajo donde se autoanalizaba e iba detallando y dibujando sus estados emocionales y psíquicos, constituyendo su «yo» como un personaje literario. Un «yo» que se fue reconstruyendo en diversos idiomas, rescatando los quiebres lingüísticos para expresar las ideas que, en ocasiones, carecen de traducción directa.
Mudémonos a otro texto, a otra página de esta lámina. «De cuchillos y tenedores», un cuento que tuvimos el honor de traducir en Colaboratorio Ávila. Allí parece una historia, un simbolismo material, pero también un gesto de apreciación de todo aquello que siempre se comparte. Ya Krina nos explicaba qué era «Escribir en un idioma ajeno». Cito:
«Este es el tema: un idioma ajeno. Sí. Hoy ya es mío, o casi. Pero hace diez años escribir en español todavía me causaba ráfagas de asombro. Todavía quería captar ese asombro en mi diario ficticio de entonces: un cortocircuito entre el embeleso y la extrañeza. Y en efecto, mi primer contacto con el español fue en el verano que pasé con un novio de mi juventud en la isla de Ibiza. Ninguno de los dos lo hablaba: teníamos un diccionario de bolsillo y nos divertíamos aprendiendo algunas palabras».
«Escribir en un idioma ajeno. Sí. Pero ¿cuál era el mío propio? Había vivido mi infancia en polaco, mi adolescencia en hebreo, mi juventud en francés y mi vida adulta en español, sin olvidar el inglés que siempre es necesario. No es tan difícil aprender otros idiomas. Al inicio del nuevo siglo, tras veinticinco años en Venezuela, mi español era más que suficiente para hablar, trabajar, criar a los hijos y desenvolverme en la vida diaria. Pero ¿escribir? El lenguaje que permite escribir está en otro peldaño, allí donde alguna vez había estado el polaco de mi infancia. Conocer varios idiomas no ayuda, más bien, dispersa. Hay que conocer uno: con el estómago, con los dientes, con la seguridad de quien ha crecido dentro de él, y nadie le pregunta cómo lo ha aprendido».
¿Y qué sería, entonces, traducir a quien escribe, tal como ella lo escribe? En otro texto que ustedes ven en la lámina, hay un correo electrónico que Krina compartió gentilmente con Katie. Es volver a compartir sus orígenes, pues muchos de sus amigos no hablan español. O bien, es volver a saborear el proceso de traducción verdaderamente sentida entre dos lenguas distintas. También es crear un proyecto, una nueva obra, un puente. Traducir también es un nuevo boom, como lo ha definido el premio Booker International: «la pujanza de una nueva ola de escritoras latinoamericanas que va de mujer a mujer». Allí, la traducción amplía los límites del lenguaje y nos abre un espacio de diálogo entre lo femenino, lo identitario, lo migratorio, todo aquello que permite la circulación de nuevas narrativas desde las voces de las mujeres. Y paso ahora a la siguiente lámina.

Lámina 3: Allí estamos nosotras. Colaborario Ávila. Raquel Rivas Rojas, Katie Brown, María Gracia Pardo y yo. Estamos con Krina. Estamos dentro de la espiral de los idiomas. Giramos juntas. Como hemos aprendido de Krina, estamos reescribiendo en un idioma ajeno. Juntas entendemos que la traducción está situada en un contexto histórico y político determinado y que el género es un factor prioritario al (des)codificar y (re)codificar un texto.
Volvemos a las palabras de Krina. A lo que significa «Escribir en un idioma ajeno». Nos mudamos a aquel instante, como una explosión, y somos testigos de cuando Krina, a los cincuenta años cumplidos, volvió a ser la lectora voraz de su niñez y adolescencia; de cuando comenzó a escribir un texto semanal. O de cuando muchos de esos relatos fueron publicados en su primer libro, Cuentos con Agujeros.
Traducir a Krina es volver a estar juntas en la memoria. Porque las traductoras no sólo mudamos las palabras de un idioma a otro. Las vivimos, las sentimos, las experimentamos. Añadimos a ellas nuestros propios recuerdos y experiencias, el tono venezolano y las diversas formas de expresarse en Estados Unidos o en Inglaterra. Y hay más. Krina no sólo escribe, sino que también dibuja. En «Los dibujos de Lisboa», por ejemplo, señala que «siempre me he sentido más viva en el tránsito que en el destino». Las calles, los espacios públicos, son lugares donde «a las extranjeras se les perdonan algunas infracciones del código de esas normas no escritas en ninguna parte que atañen a los verdaderos habitantes» y donde ella puede traducir un texto en un dibujo.
Como arquitecta o como autora de relatos visuales. Y todo se logra unir en sus páginas. Por ejemplo, a la derecha de mi lámina pueden ver su mensaje en Instagram. Dentro del texto hay otro texto visual. Una traducción en dibujos de uno de sus «cuadernitos». Allí ella ilustra esta nota:
«A la izquierda, YO, RADARISTA, marcando el trayecto de los aviones en el mapa. A la derecha, BORRADOR DE CARTA a un amigo, a un perro. Besos. (Tel Aviv, del tiempo al servicio militar)»
Dos frases en mayúsculas resaltan su existencia. «YO RADARISTA» y «BORRADOR DE CARTA». Un viaje dentro del diseño de sus trazos, una habitación, un mapa, un juego. Una hoja delineada. Cuadros, marcos, textos, borradores. Símbolos que también hemos podido usar en la traducción. Mucho antes de Instagram, Krina ya había creado el suyo. Por ello, los textos móviles no eran ajenos. El giro de palabras y las caritas felices ya navegaban en su radar. Este «Insta» (Instante) que hace referencia a la inmediatez y a las cámaras instantáneas. Ese «Gram» (Telegrama) ya aludía a su gesto de enviar mensajes visuales de forma rápida. Múltiples giros en sus trazos de palabras y desde este contexto quiero pasar a la lámina 4.

Lámina 4: Aquí tomo el atrevimiento de mudarme hacia la cercanía y los sueños. A los borradores no corregidos que he tomado de mis notas desde hace muchos años. Muchas veces es de madrugada cuando escribo. O cuando sueño, especialmente con lo que extraño, con lo que he dejado como migrante, con las voces familiares de quienes ya no están conmigo. Migración es una palabra que heredé de mi familia. Mientras pienso en ello, vuelvo a cuestionar mi identidad. Soy italiana por herencia, soy venezolana por nacimiento, soy estadounidense por nacionalización. Me he mudado de idiomas, de espacios, de tradiciones. Ya en Venezuela era andina —gocha— y mis arepas y mis hallacas sabían diferente de las caraqueñas. Ya desde niña me obligaban a dormir la siesta y a comer asado de conejo con polenta los domingos, después de jugar con las tiernas mascotas peluditas y silenciosas que mi abuelo criaba en su casa de San Cristóbal. Poco a poco me fui dando cuenta de lo que significa crecer en un lugar así.
Krina nos decía que «el lenguaje que permite escribir está en otro peldaño, allí donde alguna vez había estado el polaco de mi infancia». Yo creo que de eso se trata. Los peldaños de un segundo idioma, de un tercero, obligan a escalar más allá de la gramática, a escuchar mucho, a no tener miedo a equivocarse y a hablar desde el principio. Al subir esa escalera, paso a paso retomo lo que significa migrar. Mi abuelo nos contaba que en Italia se reían de su acento y que en Venezuela también lo hacían. Mi padre tomaba algunos vinos y, cuando veía a su familia, se saludaba con varios besos, tanto entre hombres como entre mujeres. En Estados Unidos, no se dan besos como saludo. Cada estado de un país tiene su acento. A los oklahomenses nos reconocen rápidamente.
Y así como cambian las lenguas y los acentos, también cambian las palabras. Por eso me animo a compartir con ustedes algo de índole privada. Apenas nos dejó Krina, tuve un sueño, me desperté de madrugada y tomé unas notas. En la lámina pueden ver parte de ellas. En las notas de mi sueño coloqué lo que les explicaba a mis estudiantes sobre el ser y el estar. Yo estaba en una de mis clases y, de repente, escuché el mensaje que me mandó Krina. Entiendo que sólo fue un sueño, pero en mi inconsciente era ella quien me apoyaba en mis discrepancias sobre cuál debía ser mi idioma, después de haber pasado por cinco universidades públicas en tres países distintos.
Del otro lado de esta lámina, pueden ver otra pequeña parte de sus buenos consejos. Hay nacionalidades inmensas con las que resulta verdaderamente difícil identificarse. Krina me lo explicó en nuestras conversaciones en las redes sociales. Yo ya he aprendido a sentirlo. Podemos pasar entonces a la última lámina.

Lámina 5: Krina y yo conversamos hace poco, antes de su partida. Me enteré de ello a través de Miguel Gomes. No podía creerlo. Ese mismo año, yo había escrito un brevísimo texto a partir de una fotografía del Estado Táchira, y Krina lo había publicado en su red con la frase «desde Oklahoma». Como ya he mencionado, desde Caracas, Krina compartía un giro sobre lo que yo sentía al vivir en Norman y al pensar en el Táchira. Este breve texto lo escribí para Trópico Absoluto. En él cito lo siguiente:
«Así se encuentra el centro de votación de Seboruco». El «cómo»anterior también está allí, entre las luces que rompen las sombras, como un adverbio poblado por la multitud de votantes a la espera de un cambio. Un «cómo» que sobrevive entre las casas que con frecuencia pierden el suministro eléctrico, aunque esta vez no temen a la oscuridad. Un «cómo» cercano a un grafiti desgastado, casi borrado, donde las palabras «Lenin» y «cambio» asumen ya sus quiebres. Un «cómo» cuya respuesta ya está en múltiples lugares, colores y nombres. Como diría Barthes, esa fotografía reproduce al infinito lo que ya ha tenido lugar alguna vez.
La palabra «cómo» era mi giro geográfico en ese momento. La palabra «cómo» ha sido mi reto para buscar maneras de abordar múltiples carencias, desde lo político, pasando por lo económico, hasta lo humanitario. Y Krina también me enseñó ese «cómo» que hoy sigo aplicando. En esta lámina pueden ver varias fotos de muchos de nosotros con ella. Pueden recrear el mundo virtual en el que siempre estuvimos juntas. Pueden leer su texto junto con otro texto traducido. «A veces me gusta más la versión traducida que mi original», nos decía, como un elogio inmenso y, para mí, inmerecido. Nada supera la escritura de Krina Ber. Es ella. Su memoria, su lenguaje. Y la cito de nuevo para cerrar con sus palabras:
«Encontrar un lenguaje es algo que pudiera anidar en el alma, como solo lo ha hecho mi idioma materno —el polaco, hoy casi olvidado—, y solo puede compararse con un enamoramiento. Un enamoramiento tardío, desde luego, y de alguien que siempre estaba cerca y no te fijabas en él. Un enamoramiento que, por suerte, ha dado origen a una relación duradera. Y que me hizo parte, por fin, del país donde vivo: Venezuela».
Muchas gracias.-
Colaboratorio Ávila is a translation collective formed by Katie Brown, Claudia Cavallín, María Gracia Pardo, and Raquel Rivas Rojas. Our goal is to let the Venezuelan accent and the Latin American viewpoint into every text, to build without betrayal, to accept sudden revelations, and to celebrate the results with laughter that crosses oceans.
Our current work-in-progress includes a collection of short stories by Krina Ber.

EP162 Una profesora en Edimburgo | Alfabeto del Mundo. Raquel Rivas Rojas discussed migration, mentioned Colaboratorio Ávila, and shared our experiences as Venezuelan women translators. Unión Radio Cultural. July 2025.
'Twenty Years is Nothing' by Lena Yau, translated from Spanish by Colaboratorio Ávila and read by Colaboratorio Ávila member Katie Brown. February 2023.
This reel is taken from the launch video celebrating MPT Wrap it in Banana Leaves: The Food Focus, featuring MPT Editor Khairani Barokka, Katie Brown, and Salma Harland.

In Translation: A Teaching Magazine, by Denise Kripper.
Colaboratorio Ávila's members include Raquel Rivas Rojas, María Gracia Pardo, and Claudia Cavallin. Since day one, Claudia, our former Media Coordinator and collaborator, has also started her translation career at the magazine. For her, the exercise of translation has become an important one at a personal level following a severe illness: «For reasons related to my health, I lost part of the temporal lobe of my brain, linked precisely to language. Translating has since been one of the most valuable ways to preserve the ability to think and write.» Modeling an approach to group translation, Colaboratorio Ávila is not only a group of translators who share the pleasure of transferring writing from one language to another but «a collaborative world where our experiences as Venezuelans by birth (or at heart like Katie) unite us in each selection of words and messages we want to convey, as a bridge between writers and readers,» said Claudia, who is currently a lecturer at Oklahoma State University.

Grupo E.L.D.A. «LIVE». Poor Connection Theater, translated by Colaboratorio Ávila. United Kingdom, September 2020.
Analía Malvido. «Privacy Settings». Poor Connection Theater, translated by Colaboratorio Ávila. United Kingdom, September 2020.
The Universal Language: Freedom and Melancholy by Margara Russotto, translated by Colaboratorio Ávila. Latin American Literature Today. August 2020.ISSN 2572-8822
Three Poems by Margara Russotto, translated by Colaboratorio Ávila with the participation of Fiona Mackintosh. Latin American Literature Today. August 2020.ISSN 2572-8822
Caracas 1958
Caro figlio, my dear son.
Tutti bene. But this country has gone to the dogs.
Tuo padre went off with a dark slut,
but he’ll be back.
Money is not a problem here
ma the water tastes like petrolio.
Don’t you worry, figlio mio.
Over there, in nostro paese,
you have to grow up,
and study.
Because here there is no future,
and the girls,
well, I won’t say what they’re like
por rispetto
for this one ragazza who is kind enough
to write this letter for me.
My back’s not so bad now, meno dolore,
because now I work alla macchina only til midday.
I’ll send you money with Don Peppino
next month.
Tanti baci
e la Santa Benedizione.
Tua Mamma
Fortunata Strapazzoli
Of Knives and Forks by Krina Ber, translated by Colaboratorio Ávila with the participation of Fiona Mackintosh. Latin American Literature Today. August 2020.ISSN 2572-8822
Four Venezuelan Women Writers Who Didn’t Know They Would Be Venezuelan and Didn’t Speak Spanish. Latin American Literature Today. August 2020.
Thanks to the outstanding translation work of Christina MacSweeney, Peter Kahn, Rowena Hill, Katie Brown, and Colaboratorio Ávila (a translation collective made up of Katie Brown, María García Pardo, Raquel Rivas Rojas, and Claudia Cavallin), as well as the participation of Fiona Mackintosh, we are also able to present these texts in English.
Three Poems by Rowena Hill, translated by Colaboratorio Ávila. Latin American Literature Today. August 2020.ISSN 2572-8822
Colorado. Translations/Traducciones by Mary Crow, Camille Dungy, Sasha Steensen, and Dan Beachy-Quick, translated by Colaboratorio Ávila. Latin American Literature Today. August 2019.ISSN 2572-8822

Giusti Cavallin, Juliana. Couleur Additive: A propósito de un mural de Carlos Cruz-Diez, translated by Colaboratorio Avila. «Papel Literario» Diario El Nacional. July 2020.
Zafra, Zakarías. Three Poems, translated by Colaboratorio Avila. Latin American Literature Today. 2020. ISSN 2572-8822


